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Acostúmbrate a leer las etiquetas

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“Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad“. Bertolt Brecht

¿Qué son los aditivos alimentarios? 

Los procedimientos de conservación de los alimentos se clasifican en dos grandes grupos: físicos -como envasar al vacío, incrementar la concentración de sal y azúcar, reducir la humedad, etc.-, y químicos -con los que también se persigue la modificación de los alimentos, con el objetivo de hacerlos más apetecibles para el consumidor. Algunos de estos procedimientos que se obtienen mediante aditivos alimentarios son la salazón, los curados, ahumados, adobos y escabechados.

Según el Real Decreto 3177/1983, los aditivos alimentarios son “aquellas sustancias que se añaden intencionadamente a los productos alimentarios, sin el propósito de cambiar su valor nutritivo, con la finalidad de modificar sus caracteres, técnicas de elaboración, conservación y/o para mejorar su adaptación al uso al que se destinen”. 

El organismo que se encarga de evaluar la seguridad de los aditivos en la Unión Europea es el Comité Científico para la Alimentación Humana, que determina que dichas sustancias no pongan en peligro la salud de las personas en las dosis propuestas.

¿Para qué se utilizan los aditivos alimentarios?

Los aditivos provienen de la necesidad del hombre de conservar los alimentos y mantener a raya la contaminación microbiológica, pero también cumplen otras funciones, como, por ejemplo: modificar los caracteres organolépticos de los alimentos, pues influyen sobre el color, olor y sabor (colorantes, acidulantes, edulcorantes y potenciadores del sabor); estabilizar el aspecto y las características físicas de los alimentos (estabilizantes, humectantes, emulgentes, espesantes, antiaglomerantes y antiespumantes); impedir que se produzcan alteraciones de tipo químico o biológico (antioxidantes y conservantes), etc. 

En una primera instancia, y a grandes rasgos, para determinar su toxicidad o inocuidad, a las sustancias se las somete a una serie de pruebas con conejillos de indias, en diferentes dosis y períodos. A partir de estos estudios se fijan las cantidades diarias admisibles de aditivos para el organismo, que siempre se trata de una dosis menor que las que toleran los animales más sensibles.

¿Cómo se identifican y se etiquetan los aditivos? 

La normativa exige que los aditivos figuren en las etiquetas de los envases de los alimentos y bebidas que los contienen mediante un código en el que, en primer lugar, aparece la letra “E” -lo cual significa que han pasado controles de seguridad y ha sido aprobado para su uso en la Unión Europea- seguida de tres números. Dado que es prácticamente imposible recordarlos, puedes inventarte una canción con los nombres de un puñado de sustancias y tararearla cuando estés en un atasco a primera hora de la mañana o mientras te duchas; pero si el canto no es lo tuyo, puedes intentar recordar que: 

El primer número indica la categoría del aditivo: 

  • E-1XX: colorantes. 
  • E-2XX: conservantes. 
  • E-3XX: antioxidantes y reguladores del pH. 
  • E-4XX: estabilizantes, emulgentes, espesantes, gelificantes y emulsionantes. 
  • E-5XX: correctores de la acidez y sustancias minerales. 
  • E-6XX: potenciadores del sabor. 
  • E-9XX: edulcorantes y otras sustancias.

El segundo número hace referencia a la familia del aditivo (por ejemplo, indica el color cuando se trata de colorantes). Y el tercero sirve para identificar la sustancia de la que se trate. 

En España existen aditivos que empiezan con la letra “H”, lo cual indica que a pesar de estar admitidos en la normativa española, aún no están recogidos en la europea.

La “regla” de los 3 aditivos

Los aditivos alimentarios -que, según hemos dicho, están en casi todos los alimentos y bebidas que ingerimos, lo que equivale a decir que forman parte de nuestra vida cotidiana- siguen siendo un tema que despierta grandes controversias y que preocupa a los consumidores. Pero no todos los que se incluyen en los alimentos son tóxicos. Las sustancias empleadas son seguras siempre que estén en las dosis autorizadas. (En este punto, nos gustaría hacer una pequeña aclaración: lo que está en tela de juicio no es tanto la química, sino la evaluación del impacto de las sustancias presentes en la alimentación y, por lo tanto, en nuestra salud. Según la Organización de Consumidores y Usuarios: “En general, la legislación comunitaria en materia de aditivos es muy laxa, pues no prohíbe casi ninguno y apenas limita las cantidades en que pueden usarse”.)

A modo de norma general, la sugerencia es que no te apabulles ni te alarmes ante la (des)información, y que elijas alimentos, tanto frescos como congelados, sin refinar. Sin embargo, si optas por productos procesados, para evitar al máximo la exposición, asegúrate de que no tengan más de 3 aditivos (aunque, por supuesto, no podemos calificarlos a todos de la misma forma). En todo caso, no se trata de desechar todas las sustancias, sino de limitar su uso, más aún si consideramos que la información que tenemos respecto a determinados productos no es suficiente. 

Para orientarte en esta ardua tarea, aquí tienes un breve detalle de aditivos alimentarios que conviene evitar. Pero tú también deberás hacer un esfuerzo para ir familiarizándote con estos nombres raros… ¿De qué manera? Leyendo siempre las etiquetas de los productos que consumes (en este listado nos referiremos únicamente a los aditivos presentes en los alimentos): 

  • E-102, E-104, E-110, E-122, E-124 y E-129: solorantes muy presentes en golosinas, y que están asociados al síndrome de hiperactividad en niños. 
  • E-214 a E-219 (indican la presencia de parabenos): podemos encontrarlos como conservantes; también los hay de forma natural y en baja concentración en las frutas; por ejemplo, en la frambuesa. 
  • E-249 (nitrito de potasio), E-250 (nitrito de sodio), E-251 (nitrato de sodio), E-252 (nitrato de potasio): se emplean de forma habitual como conservantes en el curado de carnes, embutidos y otros alimentos procesados. 
  • E-310 (galato de propilo): antioxidante que se usa para la conservación de los alimentos grasos. Si se consume en dosis elevadas, puede provocar asma, problemas digestivos, insomnio, etc.
  • E-320 (BHA): antioxidante presente en las etiquetas de determinados productos alimentarios como frituras, algunos chicles, purés instantáneos y sopas industriales, entre otros. Según el doctor Laurent Chevallier, autor de El libro antitóxico, “es probable que las exposiciones ocasionales no provoquen ningún problema, pero sería mejor disponer de más estudios independientes, pues el BHA está calificado como posible cancerígeno para el ser humano”. 
  • E-621 (glutamato de sodio): potenciador del sabor utilizado en muchos productos (salsas, cubitos de caldo, etcétera). Aunque el debate sigue abierto, es mejor evitar esta sustancia que se asocia a intolerancias, alergias y dolores de cabeza, entre otros síntomas. Ante los reclamos de los consumidores, la industria ha venido aplicando una táctica muy común: llamar al mismo producto de distintas maneras, por lo que encontrarás variantes con nombres como proteína hidrolizada, glutamato monopotásico, ácido glutámico… y con números diferentes.
  • E-951 (aspartamo): edulcorante sintético que se utiliza en refrescos, chicles y en infinidad de productos light, pues ha venido reemplazando el uso de la sacarina. Se lo asocia a síntomas como mareos, náuseas, fatiga, dolores musculares, jaquecas, etcétera. A día de hoy despierta gran controversia, puesto que puede tener efectos carcinógenos, aunque sobre esto no hay consenso científico. Sin embargo, hay un detalle interesante al respecto: poco después de que la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés) aprobase el uso del aspartamo en las bebidas gaseosas, uno de sus miembros fue contratado como asesor por la empresa que produce el edulcorante. Es decir… saca tus propias conclusiones.
  • E-952 (ciclomato): edulcorante prohibido en golosinas, chicles, helados y productos para refrescar el aliento. En Estados Unidos fue prohibido en 1962 por considerarse carcinógeno.

Y para finalizar, aquí tienes algunos sitios web que te serán de utilidad para que puedas ir actualizando la información:

 

Si quieres seguir aprendiendo claves prácticas para alimentarte y vivir de forma saludable, puedes visitar www.sienteteradiante.com y descubrirás un espacio para formarte e informarte, y así de forma gradual, ir mejorando tus hábitos para alcanzarcla mejor versión de ti misma.

 

PilarBenitezPilar Benitez.
Experta en nutrición energética, cocina terapéutica y hábitos saludables para la mujeres.
Autora de los libros “¡Siéntete radiante!” “Mujeres Agotadas y cómo dejar de serlo”
www.sienteteradiante.com

 

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