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Alimentación y buen humor

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El lazo entre aquello que ingerimos y el estado de ánimo ha sido (y es) un punto fogoso de debate en la cuna científica. Aunque las interpretaciones son heterogéneas, parece que no hay duda de que aquello que ingerimos influye en cómo nos sentimos. Constituye la fuente de energía para que nuestro organismo funcione y, porque según la dieta estimula (o no) neurotransmisores relacionados con el humor.

 

Fuente: http://www.lavanguardia.com/comer/materia-prima/20170306/42510259407/que-alimentacion-seguir-para-sentirnos-mejor.html?utm_source=facebook&utm_medium=social&utm_content=comer&utm_campaign=lvplus

 

Los expertos en nutrición insisten en que lo más importante es mantener un ambiente alimenticio sano, dentro de un estilo de vida saludable. Y más importante es aún si tenemos en cuenta que, en occidente, cada vez es más alto el consumo de alimentos preparados y procesados.

Una dieta sin procesados: En esta línea, la dietista y profesora Montserrat Reus, parte del colectivo Eres Lo Que Comes, defiende: “Más que obsesionarse con los componentes de cada comida, no hay que olvidar la base, que es comer alimentos de verdad.” Y añade: “Si tuviera que hacer una recomendación de salud pública, sería eliminar los alimentos con azúcar y harinas procesadas, porque son los que generan subidas y bajadas de azúcar”.

 

Hay una creencia generalizada de que los alimentos con azúcar como el chocolate o los helados alivian los estados de ánimo bajo. En parte es cierto, pero es un arma de doble filo.

 

Cuando ingerimos este tipo de alimentos se produce una subida de azúcar y segregación de endorfinas que para nuestro cuerpo es muy placentero, pero “este estado es tóxico y nuestro organismo se da prisa en reducir los niveles de azúcar entonces hay una bajada drástica que genera ansiedad y dependencia por la comida emocional dulce”, explica Reus. No se trata de eliminar estos alimentos al completo, sino que no sean la base.

 

Se pueden consumir frutas dulces o harinas de grano completo ya que estas vienen con todas las vitaminas y minerales necesarios para que el carbohidrato sea procesado adecuadamente. Sin olvidar esta premisa fundamental que es un ambiente alimentario general sano, podemos priorizar en nuestra dieta alimentos que contienen nutrientes que promueven un estado de bienestar.

-Triptófano: Es un aminoácido -componente básico de las proteínas- involucrado en la producción de serotonina, un neurotransmisor directamente relacionado con el estado de ánimo. Se encuentra en grandes propiedades: lácticos, carne de pollo, semillas de ajonjolí o soja.

 

-Magnesio: Es un nutriente esencial para producir energía en el organismo, tiene que ver con el funcionamiento general del sistema nervioso. Hoy en día hay un déficit de magnesio en nuestras comidas por el empobrecimiento del suelo y el crecimiento veloz inducido de las plantas. Este nutriente está presente en vegetales de hoja verde oscura como las espinacas. También en los frutos secos, aguacates y semillas de calabaza.

 

-Vitaminas del grupo B: Especialmente el ácido fólico y la B12. Aunque falta evidencia científica para establecer una relación causal, hay estudios que han observado un nivel más bajo de estas vitaminas en personas deprimidas y que éstas han tenido una mejor respuesta al tratamiento farmacológico al ingerirlas. Otra vitamina importante es la B1, que potencia los efectos de un neurotransmisor llamado acetilcolina, implicado en la regulación de los estados de irritabilidad. Son ricas en ácido fólico las verduras de hoja verde, el aguacate y los cítricos; en vitamina B1, las semillas de sésamo, los piñones y la carne de cerdo; y en B12, el pescado, los moluscos y la carne.

 

-Fenilalanina: Es uno de los diez aminoácidos esenciales, es decir, uno de esos que no producimos y que necesitamos ingerir con la alimentación.Ayuda a la reducción de velocidad de descomposición de las endorfinas y es conocido como un posible antidepresivo. Aunque la depresión puede tener muchas causas biológicas (y otras muchas más ambientales), se cree que una de ellas puede ser un déficit de catecolaminas (como la dopamina), neurotransmisores muy importantes para el funcionamiento del sistema nervioso.

 

 

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