Causas del fotoenvejecimiento.

///Causas del fotoenvejecimiento.

Causas del fotoenvejecimiento.

2015-07-07T11:58:25+00:007 julio 2015|

En envejecimiento de nuestra piel es un proceso natural. A partir de los 25 años la capacidad de renovación de nuestras células disminuye progresivamente y esto se manifiesta a través de las arrugas y la pérdida de elasticidad de nuestra piel, especialmente la del rostro.

Además de los factores genéticos (que no se pueden controlar), existen otros ambientales que aceleran ese proceso de forma clara, como puede ser el tabaco, una alimentación  poco equilibrada, dormir poco, el estrés o la exposición al sol.

Más del 80% de nuestro envejecimiento cutáneo es producido por un exceso de radiación solar. Nuestra piel solo envejecería un 20% si no abusáramos del sol.

Se estima que, con el paso de los años, el contenido de colágeno de la dermis disminuye aproximadamente 1% por año, como consecuencia de la destrucción y la menor síntesis de colágeno. Ambas alteraciones son mucho más marcadas en las zonas de la piel que estuvieron expuestas a la luz solar.

El proceso de fotoenvejecimiento es algo más que unas simples arrugas en nuestro rostro, incluye daños moleculares y estructurales en la piel, como inflamación, disminución en la síntesis del colágeno y degradación de éste, adelgazamiento de la piel, entre otros cambios. Todo ello se traduce en una piel delgada, de aspecto correoso con arrugas y manchas, en el mejor de los casos, pues también pueden aparecer otras alteraciones mucha más graves, como el cáncer de piel.

Por ello, lo más importante es prevenir la aparición de estos cambios:

No debemos tomar el sol sin protección.

No tomar el sol de forma abusiva

El protector debe usarse incluso en los días nublados.

El protector solar se debe adaptar a nuestro fototipo y a nuestro tipo de piel.

También se puede ayudar a prevenir incluyendo en nuestra dieta alimentos antioxidantes que ayuden a combatir los rayos ultravioletas causantes del envejecimiento de la piel, como son los cítricos, los kiwis, las fresas, el melón, la piña y las verduras frescas, por su aporte en vitamina C; las zanahorias, los pimientos y espinacas aportan provitamina A; el apio y la lechuga, por ejemplo, son ricos en psoralenos, que protegen la piel.

Unos buenos hábitos de vida son fundamentales: no fumar, dormir 8 horas y aprender alguna técnica de relajación (respiración, visualización, etc.) pueden ser de gran ayuda tanto hoy como en el futuro.

La Organización Mundial de la Salud recomienda las siguientes medidas para protegerse de la exposición excesiva a las radiaciones ultravioleta:

Limitar el tiempo que se pasa bajo el sol de mediodía.

Preferir la sombra.

Usar prendas protectoras, como un sombrero de ala ancha para proteger los ojos, el rostro y el cuello.

Usar gafas de sol cerradas a los lados que den una protección de 99% a 100% contra las radiaciones ultravioleta A y B.

En las zonas de la piel que no estén cubiertas por la ropa, untar abundantemente y renovar con frecuencia un filtro solar de amplio espectro con un factor de protección solar (FPS) de 30+. La mejor protección se logra resguardándose a la sombra y vistiendo ropa protectora en vez de aplicar filtros solares. Estos no deben usarse con la idea de prolongar el tiempo que se pasa al sol, y las personas que se untan filtro solar para broncearse deben ser conscientes de la necesidad de limitar el tiempo que se exponen al sol.

Evitar las camas bronceadoras: el uso de estos aparatos antes de los 35 años de edad se acompaña de un aumento de 75% del riesgo de melanoma maligno. Las camas y las lámparas bronceadoras no deberían usarse a menos que sea bajo supervisión médica. La OMS recomienda prohibir su uso en los menores de 18 años.

Proteger a los bebés y los niños pequeños: siempre se debe mantener a los niños a la sombra.

 

Fuente: 39 y más

 

 

 

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