Hoy nos toca presentar a un invitado de lujo. Sí, queridas, empezamos la tercera temporada de nuestras «Conversaciones Akalorad@s con…» con alguien querido y admirado no sólo por mi generación, sino por todos los que amamos el Rock and Roll.

Y desde luego forma parte de la ya legendaria generación formada por Mick Jagger, Keith Richard, Rod Stewart… en fin, él es nuestro máximo representante y desde luego yo era su fan cuando iba al colegio, que no paraba de cantar sus canciones y las de Enrique Guzmán, fíjate tú, erais mis dos ídolos.

Si yo supiera cantar, desde luego haría la presentación cantando, pero este don no me ha sido concedido.

Así que con mucho cariño le digo a Miguel Ríos bienvenido y a todas las hijas del Rock and Roll.

MIGUEL: ¡Bienvenidas!!!

MONTSE: El Sí que sabe.

MIGUEL: Montse, guapa, ¿cómo estás? Te veo estupenda, eso de entrada.

MONTSE: El maquillaje… y leer, que por cierto, hoy es el día del libro en Cataluña, y leer…

MIGUEL: Leer, por eso estamos en el sótano de mi casa, donde tengo guardados los tesoros.

MONTSE: Activa mucho la mente.

MIGUEL: Sí, sí, sí, sí. La verdad es que yo creo que ha sido de mis aficiones, la más provechosa.

MONTSE: Totalmente de acuerdo.

MIGUEL: Porque fui al cole hasta los 14 años, solo hice primaria raspada. No sé ni siquiera si tengo el certificado escolar. El bagaje que he ido adquiriendo es aprendido en la vida, evidentemente, pero apoyado en las muletas de los libros.

Los libros son las cosas más benéficas que le puede pasar a un ser humano si entiende que lo que necesita es aprender y aprender constantemente y durante toda la existencia.

Hasta el último suspiro, que diría Buñuel.

MONTSE: Yo te digo que incluso a mí me han salvado de alguna depresión.

MIGUEL: Sí, hombre, de alguna depresión te salva solo la belleza, si te enrollas con algo que desde luego te traspase el alma y que tenga esa forma de llegar a lo que tú incluso desconoces de ti, ahí es maravilloso. Y eso es una ayuda inestimable.

MONTSE: Y porque además es como una meditación, te traslada a otro mundo. Dejas de pensar en lo tuyo y te metes en la historia de otro, que para mí es meditación.

MIGUEL: Cortas lo que se llama el ruido interno.

MONTSE: Exactamente. Miguel, ¿cuando recibiste nuestra invitación te debiste quedar un poco perplejo, verdad?

MIGUEL: Bueno, la verdad es que de ti me espero cualquier cosa, Montse, tampoco es muy perplejo. ¿A ver lo que quiere la ROURA ahora?

MONTSE: Sabía que me ibas a decir esto. Fíjate tú.

Pues ha sido un poco porque en ella y al abanico creemos que todos los cambios que hay que hacer en general para que nuestra sociedad sea más sana y equitativa con las mujeres, y en este caso para dignificar la menopausia, deben de ir acompañados de nuestros compañeros los hombres, o sea, nuestros padres, hermanos, esposos, amigos, compañeros…

MONTSE: Y tú, Miguel, siempre te has significado personalmente en la lucha por el entendimiento y por supuesto, mostrando tu desacuerdo con las injusticias. Y vaya por delante mi admiración por esa parte tuya. Y es por eso que hoy te hemos convocado aquí.

MIGUEL: Muchas gracias. Pues fíjate tú que puedo ser un elemento válido en este programa o en esta charla, porque yo soy el séptimo hijo de una familia que tuvo cinco hijas. Tuvo mi hermano Paco y luego yo fui el menor, y entre ellos había cinco hijas. O sea que climaterios se un rato, porque yo además soy el menor. Mis dos hermanas que siguen por delante son mellizas, ellas tienen seis años más que yo, y luego en la escala ocho, doce, catorce…

Entonces yo, claro, sin enterarme de nada, oía rumores “ayyy los calores uyyy”. Ese tipo de cosas que he ido oyendo a través de la vida en muchas otras, en mis parejas también, en alguna de ellas, porque no estaba con todas durante todo el tiempo, pero sí, sí, claro, claro…

Y está muy bien que nos incluyáis, porque sabes que esto contribuye a una cosa que es fundamental, que es a limar machismos que todavía tenemos incorporados los hombres.

Yo te lo digo porque al nacer en esa casa, que era una casa obrera pura y dura, o sea, que no había sirvientes, ni sirvientas, ni nada de esto, yo tenía prohibido, siendo un chaval de ocho o diez años, coger el plato de la mesa para llevarme a la cocina, porque para eso estaban mis hermanas, estaban las mujeres.

¿Y eso que yo dije pero claro, cómo? Y eso fue una pila años. Yo me fui de mi casa a los 17, o sea que fíjate tú el tiempo que estuve, que es la formación absoluta del carácter del ser humano y sobre todo el comportamiento con la otra, con el otro, y en este caso con las chicas.

El rollo es que, claro, me hacían veros inferiores en ese estricto sentido, porque luego en el respeto, en la educación, en todo eso, erais, digamos, las reinas del Chantecler de la casa, pero realmente ahí, claro, entonces es muy difícil ir limpiando todo eso de nuestro background, porque eso se queda metido en un tiempo determinado en que se fija profundamente en el ser, en el comportamiento.

Y yo me veo llamándome a la atención desde que tengo, digamos, desde que existe esta nueva relación con la mujer, que me parece maravillosa y que me parece la que yo, por otro lado, siempre he tenido, porque he tenido mujeres muy fuertes a mi lado siempre, que me han dado más que yo, por supuesto, la menor duda, y que han sido más inteligentes que yo y que han tenido muchísimas más vivencias o las mismas que las mías.

Entonces yo me doy cuenta que me estoy, yo Miguel, tío, o sea, esto que mi hija me podría decir papá, sois viejuno, o sea, ese tipo de cosas… yo mantengo una especie de aprensión personal, una especie de pie en pared contra ese tipo de cosas. 

MONTSE: ¿Y entonces, estando rodeada de tantas mujeres, tú las veías a ellas comentar el tema de la menopausia, se quejaban de los doctores o había silencio?

MIGUEL: Silencio absoluto totalmente alrededor del mundo del sexo y sus derivados, el sexo femenino, el sexo masculino, eso era tabú, no se hablaba nunca, por supuesto. Pero claro, yo tampoco estaba en edad de que mis hermanas estuvieran en la edad del climaterio, ¿no?

MONTSE: Pero ya luego más adelante, claro..

MIGUEL: Ya cuando he transcurrido con ellos todo el tiempo y tal, si las pescaba a ella, hoy estoy sofocadísima, niña, porque es que fíjate tú, y yo no sé por qué estás decía yo, pero bueno, pues es que todavía no conocíamos, claro, los efectos.

Yo ya al vivir con mujeres y haber envejecido con alguna de ellas, sí me he dado cuenta de que es un paso muy importante, que entre la pareja sí se habla, evidentemente, porque claro no sería pareja si no se hablara de eso, pero que entiendo que entre las propias mujeres, ahora ya no, porque ahora lo oyes continuamente, pero entre las propias mujeres había una especie de aprehensión a hablar de esas intimidades, por ejemplo, la regla.

MONTSE:  Y tú crees que cuando hay esos síntomas y esos dolores, ¿hay que sobrellevarlo en silencio?

MIGUEL: Las personalidades son variopintas de todos los seres humanos. Habrá gente yo, por ejemplo, si sufriera esa especie de alteración personal, yo creo que como soy extrovertido, lo contaría… O estoy pasándolo fatal, que me dan unos calores y tal, pero entiendo que hayan mujeres que no quieran decirlo, a no ser que se convierta en una lucha por conseguir que se investigue sobre eso.

O sea, llamar la atención lo suficientemente potente para decir oye, pues esto tenemos que echarle más investigación, hay que echarle más recursos para que se pueda investigar.

MONTSE: No me refería tanto tanto a nivel personal, sino como a nivel público. Y por supuesto, creo que la salud de las mujeres no está tan investigada como la de los hombres. Somos el 50 % de la población.

MIGUEL: No, no, no es un error, es una maldad. No, no, porque oye, es que hay una cosa que es acojonante que tú acabas de decir ahora mismo el 52 % de la población es femenina. Y leyendo estadísticas el otro día, no sé por qué y tal, que daban comparativas, la falta de atención o la falta de inversión para descubrir el desarrollo de enfermedades en mujeres es muchísimo, alucinante la distancia que hay.

En este caso es llamar la atención sobre cosas y quién puede reclamarlas, a quien le duele, que sois vosotras.

Nosotros como acompañantes, además, incluso ahora con culpables, con una cierta dosis de culpabilidad por la educación recibida en frente de un colegio de pago, que sea la broma que se contaba donde estudias enfrente de un colegio de pago. Quiero decirte, quiero decirte con esto que claro, nosotros somos colaboradores ahora, necesarios y además culpabilizados porque no tenemos más remedio que ponernos desagraviar un poco el efecto pasado.

MONTSE: Bueno, Gloria Steinman, la famosa feminista americana, decía que si tanto los hombres tuvierais la regla o la menopausia, otro gallo cantaría. Ya te digo yo.

MIGUEL: Si, es que mira, en los consejos de administración hay muchísimo más tío que mujeres. Entonces si las mujeres, que aparte que estamos hablando una cosa que encierra un defecto de origen global, que es que el estatus en el que se vive ahora lo han hecho los hombres, lo hemos hecho los hombres, y hemos copado todos los puestos.

Yo creo que en medicina el paso que está dando la mujer es fundamental, en ciencia.

MONTSE: Bueno, en toda la sociedad…

MIGUEL: Sois más listas que nosotros, sois más observadoras.

MONTSE: ¿Y tú has oído, Miguel, alguna vez el típico insulto de, evidentemente durante la menopausia se produce una cierta irritación por el tema hormonal? ¿Has oído el insulto este, entre compañeros, de llamar está menopáusica?

MIGUEL: Bueno, la verdad es que es que ahora mismo, por ejemplo, eso sería o sea, yo antes de decir eso me cortaba la lengua, ¿no? Porque ya hay una entradilla entre la mente y la lengua que te dice alto, alarma, aquí no puedes entrar. Pero antes sí, esto era con la tía está con los calores en realidad.

MONTSE: O incluso con la regla también.

MIGUEL: Si, si, si… Bueno, la regla, sí, la regla, por supuesto. Tienes que ser tú también consciente cuando eres pareja o cuando eres actuante o accidental, de que quien manda ahí es ella, absolutamente. O sea, quiero decirte que yo he hecho el amor con chicas que tenían la regla, pero es que porque lo permitieron, pero si me hubieran dicho «tío que no, que estoy mala», como se decía antes, no lo hubiera hecho.

MONTSE: ¿Se sigue considerando que una mujer en menopausia es menos deseable o todo lo contrario? ¿Interesan las mujeres maduras? 

Sin ir más lejos, la canción de Dani Martín cuenta como un joven se vuelve claramente loco por la madre de José. ¿Qué opinas tú?

MIGUEL: Coño, tío, Robinson, ¿te acuerdas aquella canción de Simon & Garfunkel? «Mrs. Robinson» . Ese tema ha sido el sueño de todo todo joven varón, que la madre de tu amigo se enamora de ti. O sea, porque era jauja, porque aparte no tenías ningún tipo de responsabilidad, eras un chico guiado hacia el placer.

MONTSE: Pero el hecho este de que la mujer madura pierda pero eso es como que al llegar la menopausia parece que es menos deseable. ¿Es así o no?

MIGUEL: No, menos deseable. Yo por mí, digamos, desde mi apreciación del deseo que me despiertan las mujeres, no… Porque que hay chicas que tienen 50 años que están menopausicas y menos incluso. O sea, para mí son absolutamente guayabos. Es como si fuera de mi edad. Eso es como una como una fruta súper apetitosa.

Y quiero decirte que eso también es como vosotros lo lleváis, porque es que ahí sí que hay algunos episodios de dolor, de retracción y tal. Y eso hay que entenderlo como eso.

Lo que sí, por supuesto, creo que todo lo que se está haciendo es para normalizar esta situación. Porque yo creo que hay dicha hasta el último suspiro.

MONTSE: Una de las cosas por las que da miedo la menopausia es porque se identifica con vejez. Lo cual, dado que la esperanza de vida un día está por los 82 años, a los 52, desde luego no es considerada vejez. La vejez quiere decir queda muy lejos. ¿Por qué hay tanto miedo a la vejez, Miguel?

MIGUEL: Yo creo que hay miedo a la vejez, y yo lo estoy viviendo en propia en propia carne, porque lo hemos oído.

Mi madre, que era una mujer maravillosa, decía todo el tiempo «qué fea es la vejez». A ella misma se lo decía cuando se veía, veía que había perdido musculatura en los brazos, decía esto es una enfermedad. Y decía no, mamá, es la edad, es que eso es lo que pasa. No, no, no, esto es otra cosa. O sea, la vejez para mi madre, y a mí me lo transmitió hasta el punto de que yo sentía rechazo. Y ahora quiero decirte que siento rechazo.

Yo creo que la vejez, no podemos decir que sea la mejor edad por la que transita el hombre, pero es la edad que tiene el hombre y el hombre tiene que vivir todos los días de su vida. Y en ese sentido, el valor que tú le pongas a estos, digamos, minutos basura que consideran los jóvenes que puede ser nuestra existencia ahora, eso lo decidimos nosotros, no lo decide nadie.

Entonces, a mí personalmente, ¿qué me gusta? Pues ocuparme, no como me ocupaba cuando tenía 25 años, porque sería imbécil, pero sí como me puedo ocupar con un tío que va a cumplir 80. O sea, en cosas que me den placer, que le den placer a los demás, que tengan esa especie de conexión con el ser humano, que es el destinatario de todas las cosas que uno hace.

MONTSE: ¿Si te digo la palabra andropausia, ¿te suena a chino? Porque a día de hoy sigue siendo el secreto de casi de estado más guardado.

MIGUEL: Sí, sí, a mí me suena muy raro en el sentido en el sentido que es un como todas las palabras de la medicina, cuando no has estudiado. ¿No te ha pasado a ti? Pues es un poco confundente, pero está muy bien.

MONTSE: La andropausia la vivís todos. Todos. En un momento dado entrais en la antropausia como entramos nosotras, lo que pasa que hay unos efectos u otros.

MIGUEL: Claro, pero calores no, no, yo no sentido.

MONTSE: No, pero es la pérdida de líbido…

MIGUEL:  Ya soy un poco andro y ahí estoy un poco. Sí, sí, sí. Pues eso hay que decirlo. Bueno, yo ahora ya tengo un nombre andropausia para lo que yo digo, pero esto porque es así.

MONTSE: Miguel, es que incluso podéis tener sofocos, ¿sabes? Pero además, o sea, no pasa nada.

Vosotros perdéis líbido, nosotras perdemos líbido, nosotras también tenemos otros efectos. Sigue habiendo sexualidad y sensualidad,

MIGUEL: Pero el deseo sigue flotando ahí.

MONTSE: Exactamente, exactamente.

Y porque también, disculpa, se considera mucho y se tiene muy magnificada la penetración cuando la sexualidad puede ser sensualidad.

MIGUEL: Bueno, a un niño que nació con el franquismo, que le vas a pedir ahora que si mientras es tántrico, que no podemos no, no, pero la verdad tienes razón, tiene razón. Sí, sí, porque se puede, además, la ternura, como decía Víctor Manuel para la ternura es siempre ahí un lugar.

MONTSE: En la ternura… hoy día hay muchos juguetes también, cuidado.

MIGUEL: A mí me ha dado mucha vergüenza entrar en ciertos sitios porque decían que es para ti.

MONTSE: No, pues porque no, si es para mi ¿y???

MIGUEL: Pero porque eso significaba falta de virilidad y tío…

MONTSE: Es que identificar una cosa con falta de virilidad… ¡Ya os vale!!!

MIGUEL: No, no, la verdad que fíjate tú lo que yo te lo estoy diciendo así, de verdad. Ese tipo de cosas siempre han correspondido más a las parejas, quien ha aportado siempre más imaginación al acto han sido las mujeres. Por lo que decías antes, la penetración nos ha hecho mucho daño.

MONTSE: Muchísimo daño. Muchísimo. Terminamos. ¿Dime una cosa, cómo está la salud y el futuro del rock and roll? Por favor.

MIGUEL: Hombre, hombre… ahí está. Bueno, ahora con el rap y sobre todo con el reggaetón, estamos perdiendo un poco de adictos. Porque es que han hecho lo que queríamos hacer nosotros cuando empezamos con el rock and roll, que era ligar. Lo han hecho, pero muy groseramente, o sea, muy posturalmente… Falta poco para que lo hagan en directo, en vivo y en directo, cosa que nos alegrarías, a mí  me encantaría por Voyeur, pero el rock and roll sigue manteniendo el espíritu fundamental de la evolución del ser humano, de contribuir al ser humano a que a través de la emoción de la comunicación, en algún momento pueda mejorar, pueda crecer, pueda ser alguien más completo.

MONTSE: Muchas gracias, Miguel. Ha sido un placer conversar contigo por demostrar tu valentía, incluso con temas tan delicados como el que hemos hablado hoy. Felicidades por adelantado. Y larga vida al Rock & Roll.

MIGUEL: Me lo pasa muy bien, Montse, porque esto de ir al Fringe, al límite de lo donde tú estás acostumbrado, también te sirve mucho para conocerte.

MONTSE: Muchísimas gracias. Un beso, enorme Miguel. Gracias.