La sequedad vaginal es una situación asociada a la menopausia. Pero.. “¿es eso verdad? o mejor… ¿es eso inamovible?.

Es verdad que a partir de la menopausia cambian muchas cosas: cambia el cuerpo y cambia la mente. A nivel corporal, las hormonas desaparecidas dejan un rastro de tejidos frágiles, rígidos y mal hidratados. Es un momento crucial para coger las riendas del cuerpo y volver a centrar a los tejidos rebeldes.

La sequedad vaginal es un problema que tiene orígenes diversos: disminución de estrógenos, infecciones, depresión, cirurgías…. Sea como sea, el tejido de la vagina cambia, se encoge y se reseca generando numerosos problemas, muchos de ellos en el ámbito de las relaciones sexuales. El tratamiento habitual son suplementos estrogénicos, lubricantes, cremas varias, soja, isoflavonas… todo esto está muy bien. Pero la pregunta correcta es: ¿qué puedo hacer yo para mejorar y/o minimizar la sequedad vaginal?. Y la respuesta es: hay que darle vida a la vagina y, si la tenemos muy olvidada, resucitarla. Y la mejor forma de darle vida a un tejido es moviéndolo, contrayéndolo, llenándolo de sangre…. Los orgasmos cumplen todos estos requisitos.

Se habla que los ejercicios de contracción del suelo pélvico (kegels) son buenos para despertar la sensibiliad del periné y mantener los tejidos en buen estado. Es cierto, los kegels son, sin duda, un trabajo interesante y muy enriquecedor, a nivel de tejidos, de vascularización y de sistema nervioso, pero estas contracciones no llegan a la vagina propiamente dicha. La musculatura de la vagina es musculatura lisa, es decir, que se contrae de forma involuntaria, como la del estómago o la de las arterias. Por lo tanto, no podemos contraer voluntariamente la vagina, sólo podemos generar la contracción de la musculatura lisa a través de un estímulo del sistema nervioso, en este caso, de un orgasmo.

Durante la excitación sexual el tejido eréctil de la mujer (el clítoris) se llena de sangre, vascularizando y nutriendo no sólo la vagina, sinó todo el suelo pélvico en general. Durante el orgasmo la vagina se contrae rítmicamente, de forma totalmente involuntaria. Estas contracciones elastifican el tejido, lo fortalecen, lo nutren de sangre y lo mantienen en buen estado.

La atrofia vaginal genera un ciclo vicioso: El tejido en mal estado puede producir dolor en las relaciones sexuales, consecuentemente el deseo disminuye. Al disminuir el deseo disminuye la actividad sexual y eso deteriora aún más los tejidos. Es un círculo realmente perverso.

Todas sabemos que el sexo es como el chocolate: si lo dejas de comer al cabo de un tiempo ni te acuerdas. No es fácil romper el círculo de no deseo e inactividad sexual. Los orgasmos pueden ayudar mucho, no sólo a revitalizar los tejidos olvidados sinó también a revivir sensaciones.

Es interesante contemplar el orgasmo no sólo como una fuente de placer vinculada al sexo y a la pareja, sinó como un acto fisiológico necesario para los tejidos y para el sistema emocional.

¡Un orgasmo no necesita nada ni a nadie, sólo un poco de atención!.

Vale la pena romper el círculo. Los tejidos del suelo pélvico y especialmente los de la vagina te lo agradecerán.

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Mireia Grossmann i Camps
Osteópata y 
Fisioterapeuta especializada en reeducación
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