Bajo el lema “Siete mujeres objeto. Objeto de inspiración”, se hizo “7 Reinas“, una experiencia motivacional femenina que tuvocomo estrella invitada a la psicóloga chilena Pilar Sordo.

Fuente: http://entremujeres.clarin.com/vida-sana/bienestar/pilar_sordo-7_reinas-felicidad-dolor-estres_0_1443455954.html

La “reinas” llegan al escenario para compartir sus conocimientos y experiencia de vida. Pilar llega con mucho para contar y compartir. “Siempre digo que ni con las conferencias ni con las investigaciones voy a cambiar la vida a nadie, pero sí que mi trabajo puede servir de disparador para reflexionar y mejorar la calidad de vida de otros”, nos dice la autora de libros como “No quiero envejecer”, “Lecciones de seducción” y “Bienvenido dolor”, entre otros.

La primera frase de tu último libro asegura que tenemos que desarrollar la voluntad de “ser felices”, algo que -a primera vista- todos deseamos. ¿Por qué perdemos de vista este deseo de ser felices en el día a día?

No es que se nos olvide conectarnos con la felicidad, se nos olvida entender que es una decisión y que, independiente de los dolores que tengamos en el alma, esa decisión hay que tomarla todos los días al levantarnos. Hay errores de concepto en la definición de felicidad que nos hacen olvidar que la felicidad es una decisión, cuando es entendida como que hay que “tener cosas”, o que hay que buscarla permanentemente como si fuese una meta o una carrera, o bien confundirla con la alegría, con estar contentos.

Entonces… ¿Dirías que existe una “clave”, un secreto para ser más felices?

De acuerdo a la investigación, el secreto para ser feliz es entender que es una decisión cotidiana y, en segundo lugar, hay que ser agradecido. Nadie que no lo sea podrá tomar esa decisión. Centrarnos en lo que tenemos y no en lo que nos falta. Además, es importante desarrollar fuerza de voluntad para tomar la decisión todos los días y agregar sentido del humor. Esos son los ingredientes de la decisión que demostró mi investigación en América Latina.

Decís que la felicidad y el dolor son compañeros permanentes. ¿Por qué?

La felicidad y el dolor son compañeros permanentes porque uno retroalimenta al otro, es como el ejercicio de las manos en una mano uno puede tener todas las cosas felices logros cosas que te ha dado la vida y en la otra las cosas dolorosas. Las dolorosas sirven para ajustar lo luminoso y que no te pongas vanidosa, y lo luminoso ajusta lo doloroso. Son como espejos: se sirve el uno del otro para llegar a tomar esa decisión de buena forma y ahí uno logra que los dolores sean más fáciles de llevar.

 

Asegurás que, mientras el dolor toca a nuestra puerta y no se puede evitar, el sufrimiento sí se puede elegir. ¿Con qué estrategias contamos para atravesar el dolor de la mejor manera posible y evitar caer en el sufrimiento?

El dolor es inevitable y el sufrimiento es opcional. Eso tiene que ver con no tener los recursos internos para aprender lo que el dolor nos trae. El dolor es una caja; cuando estamos dispuestos a abrirla, podemos tomar los aprendizajes que trae el dolor y ahí no caer en el sufrimiento; cuando asumes una posición de víctima y te preguntas por qué (y no para qué) es cuando ese dolor se enquista y ahí se codifica en una depresión o alguna enfermedad y te paraliza en las actividades de tu vida.

¿Las mujeres sufrimos más por amor que los hombres?

Lo que nos hace feliz a las mujeres son los detalles, darnos gustos sin culpa, estar felices con los afectos, tener sueños y lograrlos, tener metas o desafíos. Yo creo que, en general, es lo mismo que para los hombres. Lo único diferente es la importancia que le damos a los detalles, a la conversación, al valor de los procesos… Eso nos diferencia de lo masculino.

El estrés es la epidemia del siglo XXI… ¿Cómo podemos manejar mejor las exigencias y conectarnos más con nosotras mismas?

Vivimos desconectados del cuerpo y eso hace que el estrés nos inunde rápidamente y nos enfermemos de alguna manera. Pero lo que hay que hacer es concentrarse en lo que uno es, lo que uno quiere: tener una agenda, anotar lo que hacés y que te ayude a no sentir que estás presionada; tener tiempo para hacer ejercicio, meditación, comer sano, estar en contacto con nuestros afectos. Eso ayuda a contrarrestar esa desconexión permanente con nosotros mismos y que luego lleva a enfermarnos.

¿Qué lugar ocupa la necesidad de tener Wi-Fi todo el tiempo, esa necesidad de “estar conectados” permanentemente como si fuéramos a perdernos algo si no estamos online?

Como decía un chico boliviano en mi investigación No quiero crecer”: la tecnología acerca a los que tenemos lejos, pero aleja a los que tenemos cerca y, por lo tanto, hay que saber priorizar en qué momentos se le da prioridad a una cosa u otra y saber cuándo aprovechar a la tecnología como beneficio de comunicación y no como bloqueo de ella. Sentir que estamos adictos, nos cuesta apagar el celular y nos angustia la desconexión. Hay que hacer esos ejercicios desde la voluntad para que eso no nos inunde.