El calcio es un elemento imprescindible para el adecuado funcionamiento de nuestro cuerpo. Además de su principal función en la formación y conservación de huesos y dientes, el calcio también es necesario para la transmisión nerviosa, la producción de hormonas, la contracción muscular, la regulación del latido cardíaco y la coagulación de la sangre.
Como no puede ser producido por el propio cuerpo, debe ser introducido con una alimentación equilibrada. De no ser así, el déficit de este mineral ocasionará lesiones en los huesos, como la osteoporosis y las fracturas. Y hemos de tener en cuenta que la pérdida progresiva de la masa ósea afecta especialmente a las mujeres menopáusicas debido a la bajada y casi desaparición de los estrógenos.
El calcio se absorbe principalmente en la parte del intestino en que prevalece un medio ácido, pero la cantidad absorbida dependerá de varios factores. La vitamina D (que encontraremos principalmente en el pescado graso como el salmón, la leche, el hígado, los huevos, el aceite de hígado de bacalao y algunos cereales), es esencial para la correcta absorción del calcio. El exceso  de fibra, así como el estrés mental y físico, y la inmovilidad producida por el reposo prolongado en cama, tienden a disminuir la absorción y a aumentar su eliminación. 
Una actividad física moderada, como caminar, nadar e ir en bicicleta, hará que el calcio llegue con más facilidad a los huesos. Y los rayos de sol que llegan a la piel ayudarán a sintetizar la vitamina D, fundamental para la absorción del calcio. 
Alimentos ricos en calcio son la leche y los derivados lácteos, los vegetales de hojas color verde oscuro (col, acelgas, berro, brócoli), el tofu, el sésamo, las algas, los frutos secos, las legumbres, los higos secos , el marisco y las sardinas en aceite.
En el mundo occidental se tiende a pensar que los productos lácteos son la mejor fuente de calcio para nuestro organismo. Sin embargo se ha podido comprobar que la ingesta diaria de varios vasos de leche no priva a sus consumidores de padecer osteoroporis. Ello es debido, quizás, al desequilibrio entre las proporciones del calcio y los otros minerales presentes en nuestro organismo, y también a los cambios hormonales que se producen con la edad y que provocan una salida de calcio del interior del hueso.