¿Hinchazón abdominal por estrés?

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¿Hinchazón abdominal por estrés?

2018-10-09T10:40:20+00:009 octubre 2018|

Es totalmente cierto que cuando experimentamos un estrés muy fuerte (quizá por una situación extremadamente dura a la que no vemos solución o por un mala noticia) “se nos cierra el estómago”… y perdemos peso.

Fuente: Saber Vivir

Tiene su explicación: en esa situación nuestro cerebro está hiperexcitado (se activa el llamado eje hipotalámico-pituitario-adrenal) y da orden de fabricar determinadas hormonas (liberadora de corticotropina o CRH, adrenocorticotrópica o ACTH, cortisol y catecolaminas como la adrenalina). Cuando circula más adrenalina que cortisol, nos quedamos sin apetito.

¿Pero qué ocurre cuando el estrés no llega a ser intenso pero sí mantenido?

  • Pues que el nivel de cortisol en la sangre se mantiene elevado (su efecto prima frente a la adrenalina) y ahora sí aumenta el apetito, con lo que comes más y se acumula grasa en el abdomen. Pero el estrés no solo engorda, también favorece la distensión abdominal, inflando doblemente nuestro vientre.

El estrés engorda… y también hincha

En el momento que algo te inquieta esas sustancias circulan a sus anchas. Y esto es lo que provocan:

Cortisol

  • Cuando te estresas por algo o tu cerebro entiende que hay una amenaza, manda la orden (a través de hormonas y neurotransmisores) a las glándulas suprarrenales para que segreguen cortisol y catecolaminas.
  • Juntas, estas sustancias aumentan el nivel de glucosa en sangre y aceleran el ritmo cardiaco y la respiración. De esa forma se aseguran de que tú podrás salir corriendo y ponerte a salvo si fuera necesario.
  • Si el estrés es continuado, el cortisol se mantiene en sangre y hace que el cerebro mande una nueva orden: la de liberar el neuropéptido Y.

Neuropéptido Y

  • Por mecanismos que todavía no están claros, el cortisol con la ayuda de este neuropéptido moviliza los depósitos de grasa del cuerpo y los “recoloca” en la zona abdominal, como una reserva especial.
  • Está demostrado que, si se activa el neuropéptido Y, es más difícil que la comida te sacie. Es más: tendrás más apetencia por alimentos ricos en carbohidratos.
  • Por otra parte, con más grasa en la zona abdominal se produce mayor resistencia a la insulina, lo que aumenta el riesgo de padecer diabetes tipo 2, tensión alta, niveles elevados de colesterol y, por lo tanto, enfermedad cardiovascular.

La factura de los nervios

Pasar una hora nerviosa o estresada equivale a comerte una hamburguesa con queso.

La Universidad norteamericana Brigham Young lo ha comprobado y nos advierte de esa tendencia a la obesidad por estrés.

La alimentación es básica para mejorar la adaptación al estrés

Y para mejorar tu adaptación al estrés y que no te devoren los nervios es muy importante que tu dieta contenga:

  • Carbohidratos de absorción lenta, proteínas de claidad, ácidos grasos omega 3, vitaminas del grupo B, alimentos con L-carnitina y magnesio.

Caminar después de comer te deshincha

Reducir abdomen puede ser algo difícil de lograr si eres constante. Porque aunque el motivo que está generándote estrés desaparezca, en la zona central del cuerpo es donde hay mayor número de receptores de cortisol (que insistirá en acumular grasa justo ahí).

Por eso, además de incluir en tu dieta los nutrientes que te mencionábamos, una de las cosas más efectivas es el ‘ejercicio de alta intensidad a intervalos’ (se conoce como HIIT, por sus siglas en inglés).

  • Comienza caminando de forma lenta unos 5-7 minutos para calentar y no sufrir tirones musculares.
  • Luego, pasa a caminar muy rápido (sin llegar a correr) durante 30 segundos.

El ejercicio de alta intensidad deshincha

  • Vuelve a caminar más lento un minuto y, de nuevo, aumenta el ritmo otros 30 segundos. Así hasta completar una sesión de 30 o 40 minutos en total.
  • Acabas de convertir tu caminata en un ejercicio de intervalos: consumes más oxígeno, mantienes el metabolismo activo y quemas más grasa. Se beneficia sobre todo la zona central y el abdomen porque este tipo de actividad ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina… y el mecanismo que favorecía la acumulación de grasa (por estrés) se mantiene a raya más fácilmente.

 

 

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